Vecindario 1 Mayo

En la actualidad, las ciudades se moldean como resultado de la disputa entre las
voluntades del Estado, representante (teórico) de los ciudadanos, y el Mercado,
representante explícito del capital. La pugna entre estos dos grandes agentes,
determinada en ciertos casos por una relación de amistad y en otros de enemistad, ha
condicionado para bien o para mal la imagen urbana y más importante aún la vida de
todas las personas. Esta relación condicionante de la macro escala, puede leerse en
paralelo o análogamente a escala micro, en cada uno de los edificios que componen el
escenario urbano. Como arquitectos, no solo somos árbitros de esa micro disputa, sino
que poseemos la responsabilidad y el deber de materializar el resultado de esa
contienda, atendiendo eficientemente a todos los intereses involucrados.
Todo edificio configura un ecosistema en el que desde su nacimiento como mero
interés inmobiliario, hasta su materialización como hábitat para las personas, coexisten
intereses hasta cierto punto opuestos que determinan por un lado el fin lucrativo de los
promotores, y por el otro el confort y calidad de vida para sus habitantes. Tal ecuación
define un producto donde pareciera que el deseo de mayor rédito financiero del
promotor, resulta casi siempre inversamente proporcional al nivel de vida de los
futuros habitantes. En nuestro caso (como en muchos otros en nuestro país) la figura
de arquitectos-promotores, genera la posibilidad de situarse a ambos lados de la
ecuación, y como consecuencia, la responsabilidad de representar la voz del usuario
cuya participación se reduce por lo general, a la decisión posterior de adquirir o no el
inmueble.
Desde esta posición, nos proponemos como misión fundamental, llevar las
características intrínsecas de la escala urbana que hacen de una necesaria mejor
convivencia de sus habitantes, al ámbito “privado” de un edificio de departamentos.
Privado entre comillas, ya que vale la pena preguntarse cuánto hay de privado y
cuanto de público hacia dentro de una conglomeración de unidades habitacionales
(departamentos o casas) que comparten espacios comunes (ya sean palieres o
veredas). La dinámica de convivencia del barrio, se traslada nos guste o no al interior
del edificio, y está en nosotros como arquitectos y constructores de estas micro
realidades urbanas, enfatizarlas o ignorarlas. A partir de esto, preferimos pensar más
que en un edificio de departamentos, o conjunto de unidades, en un vecindario en
altura.
El proyecto de este edificio particular, se inscribe en una larga línea de
emprendimientos en los que intentamos verificar en mayor o menor medida estas cuestiones. Fundamentalmente, en lo que hace a la configuración de los espacios
comunes, que tal como sucede en la ciudad, representan ese ámbito que no pertenece
a nadie y que a la vez pertenece a todos. Espacios menospreciados desde la visión
inmobiliaria y del mercado al considerarlos como “no vendibles”, produciendo en la
mayoría de los casos lugares extremadamente oscuros, privados además de luz, de
ventilación y sobre todo de visuales. En oposición a esto, tomamos como premisa
ineludible generar espacios comunes completamente abiertos, que sin dejar de ser
eficientes desde la visión del promotor por excesivos metrajes, reproduzcan las
principales características de cualquier vereda de la ciudad. Estos espacios de
convivencia pública, son los encargados indefectibles de promover una mejor vida en
comunidad.
En cuanto a cuestiones más específicas, el proyecto pretende inscribirse y generar un
plus dentro de la dinámica promotor-usuario, al intentar involucrar las experiencias del
mercado sobre los hipotéticos habitantes. Para esto se propusieron y presentaron a
diferentes asesores inmobiliarios, dos configuraciones tipológicas de pisos con
diferentes características: una conformada por una unidad de tres ambientes y otra de
dos, y la segunda compuesta de tres unidades de dos ambientes. La conjugación en
mayor y menor medida de cada opción, así también como la decisión de su ubicación
en altura (en función por ejemplo de mayor privacidad para unidades más grandes
susceptibles de utilizarse por familias, o la agrupación de unidades pequeñas
frecuentemente destinadas a estudiantes y población joven) otorgan como resultado
diferentes composiciones tanto de número y características de unidades, como de
composición volumétrica del conjunto.
Ambas opciones de pisos “tipo”, se conforman en torno a un patio o hueco central, que
en uno u otro caso se abre hacia el frente, al costado, o contrafrente, rompiendo un
anillo perimetral continuo y abriendo visuales hacia diferentes puntos en todos los
niveles. De este modo se genera un corazón que evitando el contacto entre algunas
caras de los departamentos, ventila y refrigera el conjunto desde su interior. Al ubicar
en dicho espacio central circulaciones verticales y horizontales, se busca reemplazar
el núcleo típico cerrado y oscuro por un vacío que explota en múltiples direcciones, y
deja entrever desde diferentes puntos de la ciudad la estructura interna de un conjunto
habitacional que aspira convertirse en vecindario.

AUTORES.
BERTONI, GRISELDA / CASTELLITTI, EDUARDO / CASTELLITTI, CARLOS / CASTELLITTI, JOSE IGNACIO

COLABORADORES: ARQ. CHOMA, PEDRO / VILLAR, DIEGO / SILVERO, RICARDO MATIAS / JARAMILLO, PAUL /NIKLISON, ESTANISLAO

SUPERFICIE TERRENO: 329 m2
SUPERFICIE CUBIERTA: 1246 m2

AÑO PROYECTO: 2009
COMIENZO OBRA: 2010

 

PUBLICACIONES:

http://www.archdaily.com/380868/first-of-may-neighborhood-cbaya/

http://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-264762/vecindario-1-de-mayo-cbaya

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