

EL BARRIO
A partir de su ubicación, contigua al área central de la ciudad a la vez que próxima a su borde costero; de los atractivos paisajísticos y de la rica historia del sector, expresada en un importante acervo cultural patrimonial -hoy en franca recuperación- el Barrio Candioti representa históricamente una de las mejores opciones para vivir en Santa Fe.
Parte importante de esa historia, calle Güemes surgió y se desarrolló en estrecha relación con la vida que proponía el ferrocarril en su entorno, con la Estación Belgrano sobre el Boulevar Galvez como hito, nodo principal, “nave insignia” de aquella vitalidad urbana.
En paralelo con la recuperación general que se da en el área, la hoy avenida Güemes va cobrando nuevo protagonismo, a partir de la reconversión normativa puesta en vigencia, que la potencia como corredor vial de media y alta densidad habitacional: resulta ser el frente más próximo a la laguna Setúbal en el que se admite edificación en altura, al preservarse el resto del barrio de estas construcciones; lo que asegura visuales y expansiones netas hacia el paisaje fluvial.
EL CONJUNTO
Dado este contexto, el Vecindario Güemes se concibe como expresión de una “nueva ciudad”, más densa, pero equilibrada, respetuosa del contexto barrial; en franca vinculación con el paisaje urbano y su entorno natural: islas, costaneras, laguna Setúbal al norte y este; Puerto y Bulevar Galvez al sur, y el barrio al oeste: una de las primeras construcciones en altura que la nueva reglamentación admite en la zona.
El agrupamiento es exento de medianeras en prácticamente todo su desarrollo: una torre de perímetro libre aloja 12 semipisos en los niveles superiores; una especie de placa alargada contiene 12 unidades en el basamento, a las que se accede por un palier abierto central y un corredor-galería ubicado al sur; la articulación se da a través de un hall semi-cubierto, visualmente “atravesable” a manera de balcón a la ciudad.
Por su ubicación al centro de la planta este dispositivo otorga aislamiento y privacidad a las unidades –que quedan con escaso o nulo contacto entre ellas-, facilita una adecuada distribución y sectorización interior, la que garantiza óptimas condiciones de iluminación natural y ventilaciones cruzadas en todas las dependencias, incluyendo baños y cocinas. La doble orientación y las expansiones en los ambientes principales son características poco comunes en los PH convencionales.
La secuencia de estos espacios, palieres-balcón, corredores-galerías, la propia escalera transparente, genera una especie de “sistema” que refleja la diversidad y vitalidad de lo urbano a escala del conjunto, mediante lugares abiertos y permeables que invitan a permanecer, a encontrarse, a habitarlos en comunidad. En el último nivel terraza, quincho y pileta rematan la idea de encontrarse en el vecindario, comer un asado mientras se disfruta del río, las islas, la laguna, casi como si estuviéramos en una casa quinta de Colastine, o de Rincón (1), cualquiera de aquellas que tan bien describía nuestro Juan Jose Saer (2).
Replicar la sociabilidad intrínseca a la ciudad que se expresa en sus veredas, zaguanes, jardines, patios, mediante la reproducción a escala de esos componentes del tejido residencial -en el que, por otra parte, se insertan- es la búsqueda. Estos conjuntos no son “edificios” en un sentido estricto, densifican sin saturar, persiguen la idea de otorgar a cada vivienda las cualidades de una casa, en oposición al departamento encajonado del edificio tipo entre medianeras. Es por esto que preferimos denominarlos, más que “edificio de departamentos”, VECINDARIOS EN ALTURA.
(1) Poblaciones vecinas a Santa Fe enclavadas en el valle fluvial del Río Paraná.
(2) Juan José SAER. (1937/2005) Escritor santafesino emigrado a Francia en 1968. En su ensayo “El rio sin orillas” afirma: “Refugiarse en lo empírico, no aumenta el conocimiento, sino la ignorancia.”










