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“Refugiarse en lo empírico no aumenta el conocimiento, sino la ignorancia” (*)

Las ideas se enriquecen con el mundo de lo construido, con su universo de posibilidad material, decimos; a la reciproca lo matérico, lo erigido, se sustenta en lo experimental: en el pensamiento proyectual interactúan hipótesis, teorías, principios y premisas sobre las que operamos, buscando los caminos que hagan más fluido el devenir entre ambos campos; en este ida y vuelta entre ideas y obras se dirime lo que hacemos.

Se trata, necesariamente, de una dinámica colectiva, horizontal, inter generacional, en la que se transfieren y aúnan experiencias, saberes, e iniciativas que provienen de distintos ámbitos (el académico, el gremial institucional, el laboral disciplinar propiamente dicho, entre varios otros); que por tanto se lleva adelante en equipos de trabajo integrados por numerosas, sucesivas camadas de estudiantes, colegas, asesores, asociados, y que se ve reflejada en cada presentación a un concurso, en cada bitácora, en cada proyecto, -sea o no ejecutado-.

Condensada en imágenes, maquetas, gráficos, croquis, esquemas, esta larga experiencia se expresa a través de sus representaciones, que plantean una mirada más amplia que el conjunto de obras en sí; registros que dan cuenta de aquellas exploraciones, aquellas búsquedas que van desde los concursos, desde anteproyectos no ejecutados, o simplemente desde algún croquis fugaz, hasta las obras terminadas, y viceversa.

Pensamos que es posible rastrear allí las conexiones que ligan lo empírico con lo creativo, lo imaginado con lo construido, nexos entre el campo de los conocimientos y el universo factico que van develando líneas de razonamiento, de procedimientos que atraviesan la experiencia de un proyecto a otro, que finalmente cada uno de esos proyectos sea construido … o no, se trata, finalmente, de una “emergencia”.

(*) Juan José SAER. El río sin orillas.