VECINDARIOS | CONJUNTOS | VIVIENDAS COLECTIVAS
Agrupar no es amontonar
El nuestro es un contexto donde hay mucho por hacer, donde hay mucha gente sin vivienda y muchas viviendas sin gente: allí, entre tantos otros factores que trascienden -e impactan- nuestras incumbencias, aparece la construcción como opción de inversión; la cuestión es que frente a la alta demanda la respuesta es una ofertauniforme, homogénea en exceso, basada en la rentabilidad por sobre todo otro parámetro. Queda así planteada una compleja ecuación, una especie de dialéctica inversa por la que aquellos “otros parámetros” quedan subsumidos en este programa instituido: el departamento cajón, en torno a un palier interno cerrado, que es apilado y comprimido entre medianeras, y a cuya repetición asiste impávida la ciudad.
Se trata, entonces, de explorar alternativas por las que podamos intervenir ecualizando esa disyuntiva, por empezar identificando esos otros parámetros para ponerlos en valor, tomándolos como insumos básicos de proyecto, pero sin resignar el grado razonable de rentabilidad que otorga factibilidad: la interacción con el contexto, la construcción de ciudad, las condiciones de habitabilidad de usuarios y vecinos, entre otros, forman la matriz de agrupamientos y unidades que componen estos conjuntos, así como -fundamentalmente para nosotros- de su materialización.
Recrear el barrio, densificarlo, asumir la ciudad como hábitat compartido por sus
habitantes, sus vecinos, allí donde nuestras intervenciones intentan aportar, implica pasar de las respuestas consabidas a las preguntas incomodas. Es así como fuimos transitando de los encargos convencionales a la autogestión, ensayando diversos roles, ya sea como auto-comitentes, incorporadores, desarrolladores de iniciativas propias mediante fórmulas cuasi cooperativas, son diversas facetas con las que se persigue un mismo objetivo: apuntalar la eficacia del proyecto, conforme a sus fines.








